Sunday, September 23, 2007

No todo es color de rosa...

“¿A qué hora regresas?”, “¿a dónde vas?”, “abrígate que hace frío”, “no vayas porque es peligroso”, etc.

¿Alguna de estas frases te resulta conocida? Muchas veces se nos ha pasado por la cabeza la idea de que sería chévere vivir solo, sin que nadie nos moleste y hacer lo que queremos sin recibir ningún tipo de reprimenda por nuestros actos. Lógicamente, cuando uno vive solo sale y llega a su casa a la hora que más le plazca; organiza su tiempo y actividades a su modo; compra y come lo que quiere a la hora que quiere. Es más, puedes hacer reuniones o fiestas y nadie se va a molestar por la bulla o la hora en que se vayan tus amigos.

Dicen que, aparte de estos privilegios, vivir solo también nos ayuda a crecer ya que aprendemos a valernos por nuestra cuenta y maduramos rápidamente por todas las responsabilidades que afrontamos. ¿Es fabuloso verdad?

Pero, ¿cuánto tiempo podrías soportarlo?, ¿es fácil llevar una vida normal como la de tus amigos que llegan a su casa y encuentran a alguien en casa? Para mí, no lo es.

Desde que abro los ojos en la mañana, extraño un “buenos días, vamos a tomar desayuno”, o por último un “prepárate desayuno, no te vayas sin comer algo”. Pero lo supero y salgo de mi casa rumbo a la universidad, convencida de que un saludo en la mañana no es la gran cosa como para sentirme mal por no tenerlo. Además, llegar a la universidad es reconfortante porque encuentro a mis amigos, entro a clases y de alguna u otra forma me entretengo durante todo el día. Sin embargo, llegada la noche, regreso a mi casa y vuelvo a mi realidad: no hay nadie a quién contarle cómo me fue en el día y si me pasó algo bueno o malo no tengo con quién compartirlo. Naturalmente, me entra un poquito de nostalgia porque imagino cómo sería si estuviera alguien conmigo, seguramente me diría: “buenas noches”, “hola, ¿cómo te fue hoy?”, “hay comida en la cocina, sírvete” o “hasta mañana”. Recuerdo cuando aún vivía con mi hermano, y aunque peleábamos casi todos los días, sabía que él estaba ahí conmigo, si me sentía mal podía decírselo, si algo bueno me pasaba lo podía compartir con él, llegar a mi casa no era tan triste como lo es ahora.

Preferiría amanecerme en la casa de alguien estudiando o visitar a algún familiar y quedarme a dormir en su casa. Así, evito llegar a la mía y hacer la misma rutina de todos los días: ir a mi cuarto, prender la tele, conectarme a Internet un toque, leer y quedarme dormida.

En fin, al principio como toda chibola entusiasmada por la idea de vivir sola, disfrute plenamente mi libertad pero, últimamente me he sentido muy sola y no se lo he comentado a nadie porque me daba vergüenza y trataba de ocupar mi tiempo en otras cosas pero siento que un día de estos voy a reventar y no podré ocultarlo más. A veces quisiera llegar a mi casa y encontrar a alguien que me salude o aunque sea me de una sonrisa. Juro que eso bastaría para ser feliz!!!

3 comments:

Javier said...

Vivir solo es chévere, porque puedes hacer tooooodo lo que quieras sin que nadie te diga nada. Sin embargo, siempre se necesita de una vocecita para alentarnos cada día.

John Menéndez said...

La soledad es parte de nuestra vida y hay que aprender a sobrellevarla cuando esta esta presente, pero no olvides que cuando menos te lo esperes estaras mas acompañada que nunca y otra vez empieza el ciclo, ese ciclo es muy familiar, ¿no?

Cuando estes sola no dudes en buscar a tus amigos ellos tambien de alguna manera son parte de tu vida y tu familia anexa, por asi decirlo. Se como es la soledad es tu espacio anhelado pero a la vez es tan nostalgico.
Te mando un gran beso.

Paola said...

Amiga linda, aunque no sé qué tan triste es vivir sola, créeme que te entiendo. Ya sabes que te puedes mudar a mi casa :-)
Es chiquitita como yo, pero el amor es inmenso